DON PORFIRIO

Los pocos lugares, en este valle, donde nos hemos sentido bien.
Los conversatorios que suelen realizar son de lo más informados y de un gran nivel, sobre el valse, la marinera y otros temas de gran valía para la resistencia cultural de nuestra música.
Recalamos una noche a esos debates y nos sentamos al fondo como los chicos malos o como los tímidos empedernidos y, maravillosa sorpresa, llega Don Adolfo Zelada y se sienta a nuestro lado y sacando fuerzas de flaqueza le decimos: Maestro permítanos darle un apretón de manos porque sentimos una gran admiración por usted; el Maestro sonriéndonos nos abrazó y este mortal empezó a llorar por dentro.
Al final en el rol de preguntas intervenimos preguntándole a otro grande como es Lucas Borja, sobre la creación de un centro de investigación sobre nuestra música y nos contestó que ya habían empezado en el proyecto. En horabuena.
Al final invitaron a los que desearan quedarse, ya que no era un viernes de Peña, un prudente tiempo para entonar algo. Bueno, no es dificil imaginar nuestro entusiasmo ya que, por un poco de experiencia, sabemos que esos encuentros son lo mejor en cuanto a la sinceridad en la entrega de la interpretación y sobremanera por la libertad y ausencia de ataduras de toda índole.
Lográndose por momentos -haciendo un parangón con el Cante Jondo- “la llegada” del Duende.
Al Maestro le traían su pisco en vasitos de un color envidiable; nosotros nos amurallamos con cervezas y nos hicimos amigo del sonidista que ese día no trabajaba y apreciaba también con ese respeto a lo irrepetible.
En un arraque de inspiración el Maestro Zelada cambia de registro y entrega, al viento o a él mismo quiza, Choros y Bachianas Brasileiras de Heitor Villa-Lobos. Apoteosis.
A eso de las doce de la noche quedamos menos de diez personas incluido el conjunto estable y esa gran Dama la Señora Marilú que nos trataba como a un conocido de siempre y le agradecemos porque, por un momento, hizo olvidar nuestro atávico desarraigo.
Empezaron las serenatas, ya que se encontraba una amiga de los Músicos que cumplía Abriles; y en un silencio aproveché para dispararme a todo pecho con : ” la bóveda azulada / se baña de ambrosía / y un iris mensajero / de gran ostentación / anuncia placentero / la fecha de tu día / de toda galanura / de toda floración_ _ _ _”. Agarra esa Flor.
Y los músicos dieron un vuelco de 150º para acomodarse de nuevo y dar con mi ocurrente nota y así seguirme – incluido el Maestro – y me ACOMPAÑARON; a mí que en la vida un guitarrista ha acompañado ni a la esquina de su casa.
Al final ya me estaba gustando y cuando arrancaron las marineras 5-3, como Dios manda, claro, esperé otro silencio y me despaché unas coplas repentistas, relacionadas al agradecimiento, por esos instantes en que uno barrunta: “esto es vida el resto es cuento”.
Taxi y neblina en Lima.

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~ por nemovalse en abril 17, 2010.

 
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