MANUEL ATANASIO FUENTES / AMANCAES – BAILES NACIONALES / EDICIÓN PARÍS. 1867 …………………………[ texto completo ]

El 24 de Junio, día de San Juan, empiezan los paseos a las lomas de Amancaes, situadas como a media legua de la plaza principal. El sitio es hermoso y agradable; las altas colinas que rodean una extensa pampa se cubren de verdura sobre la cual se elevan numerosas flores amarillas llamadas AMANCAES, y una inmensidad de florecillas de varias clases y colores, y entre ellas la conocida con el nombre de SAN JUAN porque principian a salir ese día. En la pampa existen varios ranchos o barracas cuyos dueños venden comestibles y licores. En los días de mayor concurrencia, que son los domingos y lunes, se encuentran en esas barracas algunos ARPISTAS y GUITARRISTAS y se improvisan, dentro de ellas, bailes en que no se conocen polkas ni mazurcas, sino ZAMACUECA.

La ZAMACUECA ha sido el baile nacional más eminentemente popular; hoy en que la galopa, la polka y el valse tempestuoso han lanzado de los aristocráticos salones al MINUÉ, al LONDÚ y a la CACHUCHA, bailes favoritos de nuestros padres, la ZAMACUECA se ha visto también condenada a aparecer de vez en cuando en las íntimas reuniones de familia, para ejercer su dominio únicamente en la casa del obrero, en la de la mujer de vida alegre y en las cabañas de Amancaes.

Ya que hemos hablado, aunque incidentalmente de nuestros antiguos bailes, diremos dos palabras sobre los maestros del arte coreográfico que más recuerdos han dejado en Lima.

La profesión de maestro de baile era ejercida sólo por negros y zambos, entre los cuales había diversas categorías; unos no usaban, para sus lecciones, más música que la vocal; otros cargaban su guitarra, y los terceros, de más elevado rango, se servían de la guitarra de sus discípulas. los primeros profesores daban por lo general lecciones a la gente de su clase y color entre la cual figuraron, las muy acreditadas bailarinas, favorecidas por SEÑORES OIDORES, muchas de ellas, que concurrían a los famosos bailes de mulatas. Entre esos maestros descollaba un negro Tragaluz (no sabemos si tal era su nombre o su apodo) que tenía el talento de hacer con sólo su boca una orquesta completa,, imitando desde el trombón hasta el flautín. Tragaluz además tenía su tecnología especial; así, daba a sus pasos los nombres de FIGURA REAL; TRAS-PIES CIRCUNFLEJO; PASO DE LA SIRENITA; COHETE DE SOGA FALSO, etc.

Componía además bailes, y son obras suyas EL LONDÚ FLOREADO; el VALSE DE AGUAS y la CACHUCHA INTENCIONAL.

En la segunda categoría debemos recordar a los maestros Elejalde y Monteblanco, ambos negros del más puro negro.. Elejalde se distinguía en el valse y en la zamacueca de sociedad. Monteblanco, hombre de facciones excesivamente finas y de facciones excesivamente toscas, mereció ser, en su tiempo, el profesor predilecto de las señoritas de Lima, y en algunos colegios. Deseando dar a su lenguaje toda la elegancia a que lo obligaba su roce con la buena sociedad, creó frases especiales de una singular cultura. Así, para saludar a una de sus discípulas la decía: ” SEÑORITA: ¿ CÓMO HA SUFRIDO U. EL CURSO DE ANOCHE A ACÁ ? ”
Si le preguntaban cómo estaba de salud, respondía : ” COMBATIENDO EL TIEMPO Y SUS ESTRAGOS, NO HE SENTIDO DETRIMENTO, _ MUCHAS GRACIAS “. A más elevada clase perteneció el maestro Martínez que no cargaba, como Elejalde y Monteblanco, la estupenda guitarra adornada con grandes lazos de cintas de todos los colores. Martínez era un negrito fino, elegante, siempre bien vestido y de buenos modales. sus discípulas eran todas señoritas de buen tono.

Muy apurados nos veríamos para clasificar al muy célebre maestro Hueso que hace poco tiempo bajó a la huesa. Es natural que, cuando se dedicó a la profesión de bailarín, tendría expedito el uso de sus piernas y pies, pero nosotros lo hemos conocido, hace algunos años, dando lecciones, a pesar de la gota y de los reumatismos que le tenían las piernas y pies hinchados, sin permitirle hacer más FIGURAS que arrastrar los últimos. El Maestro Hueso era un zambo de la talla de un granadero; usaba leva negra ancha y larga. Andaba siempre a caballo, y se le hubiera tomado fácilmente por un CIRUJANO ROMANCISTA, si no se le viera por debajo de la capa, que cubría su humanidad en invierno y en verano, parte de la funda verde que encerraba el violín a cuyos dulces ecos daba sus lecciones ese Matusalén coreógrafo.

Todas estas celebridades ha desaparecido ya; LA POLKA y EL VALSE no necesitan de maestros, a lo que parece; el único profesor de piruetas que hoy existe en Lima es el maestro Navarro, zambo cuyo primer oficio fué el de talabartero, pero que comprendió después que el frac le sentaba mejor que el mandil, y que mover las piernas era más cómodo que manejar la lezna y la zuelas.

Después de estos ligeros rasgos, volvamos a Amancaes.

La concurrencia a ese lugar es muy numerosa en ciertos días y se compone de individuos de toda clase social. Se puede ir a la pampa a pie, en carruaje o a caballo. Desde el establecimiento de los coches públicos ha desaparecido el balancín, pesado y viejo vehículo tirado por dos caballos y manejado por un negro que cabalgaba sobre uno de ellos; los balancines servían para todos los paseos y para los viajes al Callao y al Chorrillo. Era de rigor que los caballos estuviesen flacos como unos esqueletos, razón por la cual, tomado como tipo de las pocas carnes, se decía de un animal o de un hombre: ES TAN FLACO COMO UN CABALLO BALANCINERO. El balancinero debía ser hombre alegre y entendido en canciones, pues para alentar a sus caballos no empleaba las palabras grosera del mayoral de diligencias españolas, sino alegres coplas.

Las señoras y caballeros decentes cabalgaban a la europea, pero las mujeres de la plebe montan a caballo a horcajadas, como los hombres, y con el vestido que habitualmente usan.

Cuando un matrimonio no puede disponer más que de una bestia, se acomoda en ella, cabalgando el hombre a la grupa.

Hemos dicho que el baile de Amancaes es la ZAMACUECA; la orquesta para el baile se compone de ARPA y GUITARRA, y a estos instrumentos se agrega una especie de tambor, hecho regularmente de una CAJÓN cuyas tablas se desclavan para que el golpe sea más sonoro. Tócase este instrumento con las manos o con dos pedazos de caña, y es dificil formarse idea de la pericia y oído con que el negro que toca el cajón, sigue el compás de la música y anima a los bailarines. Como el CAJÓN es el alma de la orquesta, la plebe ha dado a la ZAMACUECA el nombre de POLKA DE CAJÓN.

La música es siempre acompañada de las voces de dos o más negros y al fin de cada verso, forman coro todos los que quieran y sepan cantar; esos finales se llaman FUGAS y durante ellos son más vivos y, podemos decirlo, más lascivos los movimientos.

LA ZAMACUECA, conservando siempre su índole y el genio de su música, ha sufrido varias modificaciones y tenido diversos nombres; hoy se le conoce con el de ZANGUARAÑA, después de haberse llamado MAISITO, ECUADOR, etc.

No son muy aventajados los poetas que se dedican a hacer versos para la ZAMACUECA; los más de ellos son los mismos guitarristas en quienes el aguardiente despierta el numen de las improvisaciones.

MANUEL ATANASIO FUENTES
(LIMA, APUNTES, HISTÓRICOS, DESCRIPTIVOS, ESTADÍSTICOS Y DE COSTUMBRES, ETC.)
PARIS. 1867.

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~ por nemovalse en septiembre 7, 2011.

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